El otro día me encontré con alguien de Honduras. Me preguntó de dónde era yo. Respondí que era de aquí. “Pero ud. habla bien el español!” me comentó. “Es que viví 4 años en Honduras,” le expliqué. “Ah,” me dijo, “por eso tenemos el mismo accento.”
No puedo explicar por qué, pero ese comentario me hizo sentirme tan felíz. Me gusta mucho ser identificada como Hondureña. Porque en mi corazón, en lo más profundo de mi ser, esa soy.
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